miércoles, 25 de noviembre de 2015

Dos días después del triunfo del Partido Revolucionario Sri Mauri o Muerte las piletas están en calma


por Félix Bruzzone

Dos días después del triunfo del Partido Revolucionario Sri Mauri o Muerte las piletas están en calma. A mi clienta rubia del barrio cerrado adonde fueron a parar los adoquines que Macri sacó de San Telmo, que me llamó el viernes, le dije que estoy con mucho trabajo y que si quiere que yo vaya a limpiar su pileta podría ir después de horario y le cobraría horas extras, o sea el doble. Silencio. No mensajeó más y si esta semana llama pienso decirle lo mismo, y si no que se consiga a otro. Si no me vas a llamar todas las semanas buscá a un piletero desregulado, yo ya viví la desregulación laboral y el último patrón al que me sometería en esas condiciones es a vos, turra. Hay un montón de pileteros así. Andan con un carrito, al acecho. Son buena gente. Suelen ser paraguayos. Los paraguayos, salvo que sean jardineros tirapasto o garitas que se piensan que Dios nació en una garita y que ellos son sus ángeles, me caen bien. Mi cliente Wilfredo, por ejemplo. Es muy insoportable y tiene un auto blanco y mea champagne, y una vez me usó de flete a cambio de un "gracias", pero en el fondo es blando, y también es fácil hacerlo entrar en razones cuando se pone áspero. "Entiendo lo que querés, no soy un necio", le dije la última vez que él quería que le hiciera uno de sus trabajitos especiales; me miró y dijo: "Ok, ok, confío en vos". También es inseguro. De ahí lo maniático, ¿no? Su mujer en cambio es dura y segura, pero un poco desconfiada, y comprensiva como él. Parecen ser buena gente. Aunque supongo que algunos problemitas deben tener porque el hijo del medio de ellos fue el que revoleó el caniche a la pileta vacía, dos metros de caída libre. Pero bueno, en definitiva, todo tranquilo por acá. La gente parece más contenta y hay que aprovechar esa alegría generalizada de los votantes del Comandante Mauri para aumentar y cobrar deudas, así agarro unos pesitos más antes del desastre y me compro algún turrón, algún pan dulce.

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