martes, 2 de febrero de 2010

Revista La otra 22: verano 2010


(...) Te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde.

Te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido.

Te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra.

Te mataré mañana cuando la luna salga,
y al salir de aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación.

Te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida.

Te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas.


(Fragmento del poema Proyecto de un beso, de Leopoldo María Panero, citado por Livio Andrés Fortunato en su nota "Y la luz no es nuestra", de revista La otra 22).



"Familia Panero, de la ciudad de Astorga, en las postrimerías del franquismo. Mediados de la década del 70, un hombre al que se refieren como una suerte de poeta oficial del régimen declinante, un hombre ya muerto: Leopoldo Panero. Su viuda e hijos: Felicidad Blanc, Juan Luis, Leopoldo María y Michi. Al comienzo, vemos la estatua del poeta, envuelto y atado: ese hombre del que todos van a hablar en la película (y del que van a hablar de una manera despiadada) no podrá responder a lo que de él se dice. Jaime Chavarri, el director, tiene la astucia de no mostrar nunca la estatua descubierta, de modo que Panero será siempre para El desencanto -es decir, para mí- un hombre envuelto y atado. La viuda, Felicidad, es una mujer modosa y dulce, una señora melacólica de la pequeño-burguesía española, tratando de ajustar cuentas con la memoria de su esposo, con toda la delicadeza de la que es capaz -que tampoco es tanta- sin privarse por ello de que quede claro que él la hizo desdichada. Ese movimiento tenso de ella hacia una verdad cruel, deslizada con cierta elegancia, será desbaratado rápida y constantemente por sus hijos, que se complacerán en darle la razón ridiculizándola, puesto que todos parecen acordar en que si el padre la hizo infeliz, ella se entregó a ese destino y se aseguró de hacerlos igualmente infelices a ellos". (Nota de O.A.C, "El desencanto", sobre la película del mismo nombre de Jaime Chavarri, en revista La otra 22).



"Finalmente, luego de varios meses de demora, se estrena en Argentina la película sueca Låt den rätte komma in, con el poco fiel título de Criatura de la Noche: Vampiros, perdiendo ese plus que en la traducción fiel dice que hay que dejar entrar al bueno o al correcto. Basada en la novela de John Ajvide Lindqvist Criatura..., fue toda una sorpresa para el género y ganó varios premios, entre ellos al mejor guión adaptado en el Festival Cinematográfico de Triveca 2008 y el Méliès de Oro de la Federación de Festivales de Cine Fantástico Europeo como mejor película fantástica. La película tiene guión del propio Lindqvist, aunque difiere en algunos puntos importantes de la novela.

"Con el trasfondo del suburbio de Blackeberg, Estocolmo, y situado en los años 80, el libro cuenta la historia de Oskar, un solitario niño de doce años que vive con su madre, adicto a las golosinas y sometido al maltrato constante de sus compañeros de colegio". (Fragmento de la nota "Déjame entrar" de Lilián Cámera, sobre el film Criatura de la noche: vampiros y sobre la novela de John A. Lindqvist en la que el citado film se inspira).



"El sexo como herida: en un brevísimo plano, Oskar ve a Eli desnuda. Donde debería estar la vagina hay una horrible cicatriz: la ambigua Eli parece castrada/o, o algo aún peor. Esto le impide consumar el coito, pero no dormir desnuda al lado de su amado en la misma cama. Nunca -jamás- harán el amor. Pero este aparente obstáculo no detiene el fuego amoroso, lo potencia. Desenterrado de la basta cotidianeidad, será puesto a transitar por la senda de la eternidad. Y por allí caminarán los dos, amándose por siempre, aún cuando nosotros nos hayamos ido.

«Tengo que irme y vivir, o quedarme y morir. Tuya. Eli»
." (Fragmento de la nota "Esos ojos: dolor de siglos" de Eduardo Chinasky, sobre el film Criatura de la noche: vampiros de Thomas Alfredson).



"«¿El cine es una escritura o un espectáculo?», se preguntaba Eustache a menudo. Y parecía responderse, o al menos, dudar, «he hablado mucho de volver a Lumière, he puesto como ejemplo La llegada del tren a la estación de La Ciotat (1895). No hablaba entonces de escritura sino de utilización de la cámara. Antes que rodar con técnicas que implicaran medios importantes (que no tenía) quería que la pobreza me sirviera. Así me oponía a la degradación que el abuso de las técnicas nuevas ha sometido al documental, desde Lumière al reportaje televisivo actual». (Fragmento de la nota "Entre los pliegues del tiempo perdido / Apuntes sobre Jean Eustache", de Juan Aguzzi, en La otra 22).



"...la narración de la propia vida en la contemporaneidad no depende ya de experiencias que se han visto afectadas, o que han sido constituidas, por la vida histórica o política. Incluso, en la narración contemporánea de sí, no es tampoco la vida pública (no ya la vida política) la instancia en la que el autobiógrafo busca aquellos motivos que pudieron incidir en la formación de su subjetividad. Basta tener en cuenta, para comprender esto, el documental de Jonathan Caouette, Tarnation, uno de los documentales contemporáneos más célebres, y más celebrados, por sus innovaciones formales y por la historia que allí se narra. En la narración de su vida, que sin duda implica la de su madre, cuya enfermedad es en gran parte consecuencia de los tratamientos que recibió en instituciones públicas, Caouette no busca encontrar allí razones de su estado, no ya bajo la forma de algún tipo de protesta sino ni siquiera bajo la forma de la queja.


"Algo similar, diría yo, ocurre con el diario de Pablo Pérez,
Un año sin amor, donde sin duda la experiencia de la sexualidad y de la enfermedad son decisivas en la formación de la subjetividad, pero donde la vida misma está replegada en las prácticas eróticas y sexuales de elección, en la deriva a que esas prácticas llevan, sin rastros de lo público, salvo aquellos que es posible notar aún en los dispositivos de control de la medicina". (Fragmento de la nota de Emilio Bernini "Jonas Mekas: Ningún lugar adonde ir", sobre la escritura y el cine en primera persona en el arte contemporáneo).


Revista La otra 22: sólo en kioscos.

2 comentarios:

hanna dijo...

Las notas sobre Los Panero y Criaturas de la noche, excelentes.

Todavía no leí las de Bernini y Aguzzi. Por lo que se aprecia en el post, prometen

soyelyugo dijo...

La muerte, siempre la muerte, estremeciendo de emoción, poniendo límites.