domingo, 20 de mayo de 2018

Qué bien que estoy


Yo quiero ver como mirás tu luna llena
Yo quiero ver como cantás la noche entera
Yo quiero verte y no mirarte de reojo
Dicen que si pongo todo hoy me llevo lo que no conozco.

Mirando bien ya me di cuenta la que era
Me dicen no, te dicen men, me dicen fea
Yo quiero que me digan si lo puedo ver de nuevo
Yo quiero que me digan cuándo ahora y dónde voy de nuevo.

Soltando soltando soltando
quiero que me miren
Soltando soltando soltando
quiero que me miren
Soltando soltando soltando
quiero que me digan.

Yo quiero ver como mirás tu luna llena
Yo quiero ver como cantás la noche entera
Yo quiero verte y no mirarte de reojo
Dicen que si pongo todo hoy me llevo lo que no conozco.

Mirando bien ya me di cuenta la que era
Mirando bien ya me di cuenta la que era
Mirando bien ya me di cuenta la que era
Mirando bien ya me di cuenta la que era.

sábado, 19 de mayo de 2018

El papelón de Guillermo Moreno

¿La unidad es superior al conflicto? Este domingo a medianoche en La otra. Radio Gráfica. FM 89,3

Parecería un asunto menor pero yo pienso que hay una concepción política en juego.

En medio de los conocidos daños que el macrismo ocasiona al país -despidos, corridas cambiarias, alza del costo de vida, tarifas impagables, ajuste concertado del poder central con los gobernadores pejotistas, pasividad irritante de la CGT, crecimiento exponencial de la deuda externa, caída de las reservas, bicicleta financiera y enfriamiento de la actividad económica-, puede parecer un episodio menor, depende cómo se lo mire.



El miércoles se vio el patético espectáculo dado por Guillermo Moreno en el programa del Gato Sylvestre en C5N. El nivel de confusión política, prepotencia, cerrazón ideológica, sectarismo, clericalismo y macartismo desplegado durante más de media hora ante la mirada entre incrédula y divertida de Myriam Bregman arrojó una palada de tierra a cualquier intento de comprender al peronismo como un movimiento emancipador y modernizador de los vínculos sociales del país. 

Entre las gemas histriónicas del desaforado Supersecretario pueden contarse el reproche a Sylvestre: "vos tenés una tendencia a invitar a filomarxistas y no invitás a peronistas"; los dislates dirigidos contra Myriam Bregman: "vos tenés una visión atea de la vida, yo voy a misa todos los domingos" o "vos querés lucha de clases, querés terminar con la propiedad privada, yo me referencio en el Papa". Frente a esos exabruptos, haciendo alarde de plasticidad política, Bregman reivindicó los programas de La Falda y Huerta Grande propuestos por la CGT durante la resistencia peronista. 

Más tarde Moreno delineó el mapa de su sectarismo, poniéndose en Guardián del Movimiento Nacional: "acá ni la izquierda, ni los radicales K, ni Nuevo Encuentro, ni Heller con ese partido... los únicos que nos podemos hacer cargo es el peronismo (sic)". También reivindicó a los gritos a Duhalde: "fue extraordinario el año y medio de Duhalde, por eso le tenemos que pedir perdón". Bregman aprovechó justo la arenga desquiciada del Supersecretario. "Que Moreno hable fuerte no quiere decir que tenga razón; si grita, me va a ganar. Pero reivindicar a Duhalde es difícil, no solo por el golpe devaluatorio que su gobierno aplicó contra los trabajadores, sino porque yo conocí a Darío Santillán, durante muchos años había compartido muchas movilizaciones con él, entonces recordar a Duhalde, uno de los responsables de la masacre de Puente Pueyrredón, a mí me cuesta mucho". El zángano se la dejó picando en el aire y Bregman hizo el gol. Y después ella desnudó la inconsistencia gritona de Moreno: "mucho blabla, pero no dice qué medida va a tomar contra los poderosos, a qué sectores vamos a afectar y a cuáles vamos a defender [y ella volvió a reivindicar el programa peronista de Huerta Grande]". 

Bregman después marcó al peronismo colaboracionista: "cuando Macri busca cómplices es porque sabe que los tiene". Ante el cuestionamiento de esta complicidad, Moreno insistió con las falacias descalificatorias sin argumentos: "Esto ya parece una asamblea estudiantil, es para los foros estudiantiles, no para cuando está en peligro la Patria", Y después dejó otra vez la pelota picando en el área: "No creo que Macri nos llame, porque ningún oligarca llama a ningún peronista". Obviamente Bregman respondió con risas: "¡A Pichetto lo vive llamando! ¡y a todos los senadores! Más colaboracionista que Pichetto...". Darío Villarruel preguntó: "¿Pero Pichetto es peronista". Y el Supersecretario: "No hay duda, ¿qué va a ser Pichetto?". Villarruel: "¿Y por qué le da tanta ayuda a Macri?". Moreno: "¿Y cuál es la ayuda?". Bregman: "¡Las leyes contra el pueblo!". Moreno la emprende de nuevo contra los marxistas y Bregman acota divertida: "¡Cómo odia al marxismo!".  

Ante la pregunta concreta sobre si hay que votar la ley contra el tarifazo, Moreno se escapa por la tangente con una triste imitación del estilo sanatero de Fidel Pintos, un divague incomprensible sobre Doña Rosa barriendo la vereda, sin definir si los senadores tienen que votar el proyecto ya aprobado en diputados. "¡Hay que enfrentar a Macri!" acota Bregman, a lo que Moreno descalifica: "Ella quiere enfrentar a Macri, a la Iglesia, a los monopolios, a todo el mundo, pero ese es un debate estudiantil. ¡Hay que hacerse cargo de la institucionalidad". Como Moreno se encuentra sin respuestas ante las preguntas concretas sobre cómo oponerse a este gobierno, termina por atacar al propio Sylvestre: "Gato, yo sé que a vos te gustan los radicales, pero lo único que queda es el peronismo. Pero como los maltratamos, tenemos que ir a pedirles perdón al Adolfo y a Duhalde. Y ahí van a parecer los héroes que se hagan cargo de la Patria si es necesario". 

¿Con esta sarta de incoherencias el peronismo puede ofrecer algún atractivo político ante el desastre macrista?

Puede parecer una anécdota menor que da risa. El problema es más complejo si este despliegue lastimoso despierta entusiasmo entre sectores intensos que celebran los derrapes nacionalistas, clericales y macartistas. En las redes sociales, hay grupos nac&pop que salieron a aplaudir que Moreno hubiera puesto en su lugar a la "trosca" de Bregman, a la que de paso le volvían a pasar factura por no haber votado a Scioli en el ballotage de 2015. ¿Desde qué coherencia con su historia lo iba a votar? Si el FPV perdió frente a Macri, fue por llevar a un candidato que se parecía mucho al que ganó, con la diferencia de que Macri era más confiable para las clases dominantes que Scioli. Recordemos el inolvidable "gabinete de ministros" que Scioli anunció días antes de la primera vuelta en 2015: ¿podríamos pedirle al trosquismo que abandonara su identidad histórica por un candidato que despertaba tanta desconfianza incluso entre sus propios partidarios?

Si entre los intensos del Aguante esta demostración de confusión mental y torpeza discursiva despierta júbilo, enfrentamos un síntoma de la desarticulación política con que llegamos a 2019. ¿Este peronismo de sainete es lo que podemos oponer a la monstruosa maquinaria neoliberal?

Para encuadrar la extraña lógica de la sanata de Moreno podemos ayudarnos con unas declaraciones recientes. Hace solo 6 meses, cuando el Senado aprobó la fórmula Pichetto que empeoró el cálculo del aumento de las jubilaciones propuesto por el macrismo, Moreno declaró:

“Si la economía explota, esta ley es la que te permite salvar en algo a los jubilados. Porque si el Gobierno de Macri no termina, vas a tener una inflación galopante. Entonces, con esta ley las jubilaciones se ajustan por inflación. No hay que atacar a los senadores del peronismo que votaron a favor de esta fórmula, porque lo que no hay que hacer es señalar con el dedo a ningún compañero. Habrá compañeros que votan por proyección económica, habrá compañeros que votan por otra proyección económica, porque ninguno creo yo que va a votar pensando que se va a perjudicar a los jubilados”. (FUENTE)

Si esta intervención reciente no basta para perfilar a Moreno y entender a los entusiastas "peronistas" que lo tienen por un "soldado de Perón" al frente del Movimiento Nacional Justicialista, podemos ir más atrás. En el libro de conversaciones de Horacio Verbitsky con Diego Sztulwark, Vida de perros, puede leerse:

El domingo 26 de diciembre de 2004, Verbitsky publicó un perfil pionero de Guillermo Moreno, “a quien sus amigos llaman El Napia”, organizador de una agrupación denominada “Guardianes de la Democracia”, dentro del kirchnerismo de la Capital. Según Verbitsky, Moreno tuvo militancia en la “línea interna del exjefe de la Side, Miguel Ángel Toma”, y se define como un peronista “tan ortodoxo que no le hace asco ni siquiera al reclutamiento de los exconcejales Raúl Padró y Juan Carlos Suardi, prohombres de las prácticas que extinguieron al Partido Justicialista en la Capital”. Moreno llegó “a De Vido a través de Eduardo Curia, un economista de vinculación histórica con José Luis Manzano y Eduardo Bauzá, y autor del primer plan de flexibilidad laboral de Menem, junto con el asesor de la UIA Daniel Funes de Rioja. De trato prepotente, suele recibir en su despacho con un arma de fuego sobre el escritorio”. Esta crítica temprana a un funcionario tan característico del kirchnerismo no relativiza las simpatías de su autor por el gobierno, aunque sí ilustra otro rasgo del método Verbitsky: un ejercicio que consiste en desmarcarse de la oposición binaria y excluyente entre las únicas actitudes habitualmente admitidas: adherente u objetor. Ni una ni otra: Verbitsky se percibe como un actor que aspira a incidir en el proceso político a partir de la celosa constitución de un lugar propio que lo enorgullece: “Esa nota sobre Moreno la hice yo, no la hizo Morales Solá, ni Pagni ni Lanata.

La trayectoria evocada por Verbitsky hace juego con la simpatía actual de Moreno con el duhaldismo y con Pichetto. En todo caso, su curriculum vitae desentona en el gobierno kirchnerista. Por alguna razón, después de echarlo de su gobierno, Cristina nunca volvió a recibirlo. Verbitsky señala que uno de los peores errores del kirchnerismo fue la vandalización del INDEC, privándose así de un instrumento precioso para medir los índices de la economía real, lo que luego fue convenientemente aprovechado por el macrismo para distorsionar los efectos desastrosos de sus políticas.

Más allá de su trayectoria sinuosa, lo preocupante es que la sanata de la unidad peronista "por encima del conflicto" encuentre eco en sectores militantes: "la única forma de ganarle a Macri es si nos juntamos todos los peronistas" -lo que excluye, como Moreno se encarga de remarcar, a todo el que no se denomine peronista, a la vez que incluye a los colaboracionistas del macrismo, sin cuyo apoyo Macri no habría podido hacer tanto daño en sus dos años y medio-. "La unidad es superior al conflicto" es una consigna claramente bergogliana. ¿Qué unidad? ¿Unidad con quién? ¿Cómo se conjuga esta unidad con los excluidos por el actual esquema socio-político?

La resistencia social al macrismo crece y es uno de los factores que explican su derrape reciente. Pero este crecimiento todavía no encuentra expresión en una alternativa política. Hay amagues tímidos de reorganización de las corrientes más progresivas del peronismo y el kirchnerismo, que no son precisamente las que Moreno reivindica. Curiosamente una trosquista como Bregman es la que menciona los programas de La Falda y Huerta Grande. El estado de la lucha popular no cabe en la retórica vetusta del peronismo de mausoleo. El kirchnerismo todavía tiene que articular un discurso por encima de esta vocinglería de Moreno y los "soldados de Perón". 

Ante la difusa indeterminación peronista, la timidez kirchnerista, el sinuoso oportunismo de los dirigentes del Evita, el clericalismo de algunas organizaciones sociales al borde de negociar la caridad de los ricos con los pobres y la desesperante pasividad de las jerarquías cegetistas, hoy los contrapesos contra la agresión neoliberal se ubican en el movimiento de derechos humanos, las CTA, la Corriente Sindical Federal, el feminismo y los sindicatos de base trosquistas. A pesar de todo lo que se habla contra el trosquismo, es una suerte para el ecosistema político argentino que este sector subsista. Al menos su activismo marca una diferencia frente a la continua tentación de la burocracia sindical y política por entregar definitivamente al pueblo.

jueves, 17 de mayo de 2018

Como en La casa de papel, ¿hasta cuándo el macrismo va a poder seguir engañando a la población?

El domingo a la medianoche Mariano Kestelboim en La otra.-radio. FM 89,3


Mariano Kestelboim dice que, como una serie de Netflix, la corrida y las incertidumbres que se vivieron en Argentina tuvieron el martes su fin de temporada. Se vienen otras y seguramente más dramáticas aún. Como en La casa de papel, los protagonistas tienen que distraer el mayor tiempo posible a la policía para extender su permanencia en la Casa de la Moneda imprimiendo euros. Así el macrismo festejó la renovación de las Lebac y la aceptación de las nuevas condiciones de endeudamiento por parte de los acreedores. Así, tiraron la pelota para adelante sin cambiar nada de lo substancial que llevó al país a un atolladero: una bola de nieve de Lebacs que vence mes a mes, un mega endeudamiento que nos hace perder soberanía económica, tasas de referencia altísimas que vuelven imposible cualquier inversión productiva, una inflación que triplica a las metas que se votaron en el presupuesto 2018 y corroe la capacidad adquisitiva de salario, una devaluación que rápidamente se traslada a los precios, sobre todo a los productos de la canasta básica,  un panorama recesivo que llevará a bajar la actividad económica y subir el desempleo, tarifas altísimas, una caída acelerada de las reservas: se pide al FMI un crédito de u$s 30 mil millones y se dilapidaron casi u$s 11.000 millones inútilmente para pisar el dolar a 20, que finalmente llegó a 25 y sigue subiendo. Pero el modelo, como en la serie, requiere que los protagonistas salgan sí o sí de la casa porque, tarde o temprano, el engaño no podrá resistir.

En cuanto a la meta de inflación de 2018, esta vez el error será aún más grueso que en 2016, cuando hubo una inflación de 41% y la meta que tiraron fue de 20/25%. De hecho, la inflación ya es mayor que en el gobierno anterior. Pero Macri hace autocrítica: "mi mayor defecto es el optimismo". ¿Cambiamos?

Un dato alarmante del síntoma de la insostenibilidad de este esquema que ayer se mantuvo, pese a las apariencias de maquillaje marketinero, es la caída de reservas. En este cuadro se ve la evolución diaria de las reservas desde 1996. Es impactante la velocidad de la caída reciente. Hay una diferencia importante respecto al segundo período de mayor caída de la última década fue que, entre 2012 y 2013, la baja obedeció a un proceso de desendeudamiento. Ahora la caída se produce a pesar de un endeudamiento brutal y creciente. Desde el último mega endeudamiento (USD 9.000 M del 11/01/18), las reservas cayeron USD 11.182 M en sólo 5 meses. Una caída tan fuerte (la merma equivale al 21,2% de las reservas actuales) en tan poco tiempo solo se produjo en 2001.:


Con todo esto, la pregunta es: ¿hasta cuándo el macrismo logrará mantener engañada a la población? El domingo a la medianoche Mariano Kestelboim viene a La otra.-radio, FM 89,3, Radio Gráfica, online acá

miércoles, 16 de mayo de 2018

No intenso agora y las cartas de amor ridículas

por Oscar C.

Cuando se exhibió No intenso agora (Joao Moreira Salles) en el BAFICI 2017 fue recibida con un beneplácito casi unánime que no compartí. Y lo dejé escrito inmediatamente en un post titulado "¿Y ahora, Moreira?" que se puede leer acá. Supongo que al leer esa nota el grupo de críticos que editan en la ciudad de La Plata la revista Pulsión (Pablo Ceccarelli, Agustín Lostra y Pablo Ponzinibbio) habrán pensado en invitarme a participar de un dossier sobre la película que preparaban para su número 6 (Año 3, Agosto 2017). Los críticos de Pulsión también estaban pensando No intenso agora más allá del entusiasmo dominante. 

Vale la pena reproducir, ahora que la película se estrenó en el MALBA y en la Sala Lugones, un tramo de ese dossier, que también incluye una entrevista a Moreira Salles que le hizo Agustín Lostra (página 35 de esa edición).

Dice Moreira Salles:

"Quería pensar acerca de esa idea de una intensidad que pasa. Una pasión -una intensidad muy fuerte- que pasa, y la dificultad de reacomodarse a la vida “menos intensa” después.

"Había una relación muy grande con un viaje que hizo mi madre a China en el ‘66. Percibí que ella estaba muy entera entonces, llena de vida. Algo que perdió con el tiempo. Se fue entristeciendo, perdiendo la capacidad de conmoverse con el mundo. Eso es algo que también me preocupa. Y era casi obvio que pensar esas cosas a través de las imágenes de mi madre, a través de lo que ella escribió en ese viaje, era un buen camino para tratar el problema.

"1966 en China es el inicio fulgurante de la revolución cultural que influenció mucho el ‘68 en Francia. Yo era muy chico, pero vivía en Francia en esa época. Entonces, empecé a leer sobre el ‘68 y percibí que la misma cuestión estaba en todas las memorias de los que escribieron ese periodo. “Ha sido tan intenso que no conseguimos vivir después de esta intensidad”.

"Entonces, no fue un deseo el tratar la gran Historia. Empezó como un problema muy personal que después se abrió para la Historia.

"Para la generación que empezó a hacer cine a finales del ‘50 y principios del ‘60 no había un arte de representación más fuerte, más vital, que el cine. Estaba en el centro de las reflexiones estéticas de toda una generación. Si querías hablar del mundo era el cine tu instrumento. Esa centralidad no existe más. No se puede recuperar.

"No hay más películas que hablen con toda una generación. Tal vez hoy la televisión sea más fuerte que el cine. Lo que pasa en internet es un discurso más fuerte que el cine a la hora de organizar la imaginación de las personas. Entonces, creo que esa intensidad es también una cuestión de época. Y no desaparece, sino que migra. Migra desde la pintura en el Renacimiento a la música en el siglo XVII, XVIII; hacia la mecánica, la ingeniería, durante la revolución industrial; hacia la ciencia en el siglo XX; hacia la electrónica un poco más tarde. Pero ahora, no es el cine. Y creo que eso es motivo de lamentación pero también de libertad. Ya no tenés que hablar del Mundo. Podes hablar de tu jardín, de tu pequeña casa. Porque ganaste la libertad de no tener que hacer discursos que modifiquen la cabeza de toda tu generación. Es un poco utópico pensar eso, porque eso no va a acontecer.

"Por otro lado, también también cuando se está apasionado, todo lo que se dice, todo lo que se escucha, parece eterno. Y se cree un poco la ilusión de que todo lo que se ve, todo lo que se filma, tiene una importancia fundamental. Pero después el tiempo pasa y eso se torna menos importante. Como aparentemente la intensidad del momento bastaba, y no era necesario pensar sobre la forma, no era necesario construir un objeto estético que fuera independiente del momento. Muchas veces eso que simplemente navega en la intensidad no tiene la fuerza de la permanencia. La mayoría de las películas hechas en 1968 por jóvenes tomados por la brasa de la historia, por una intensidad que nunca más experimentaron en la vida, son películas que no tienen capacidad de existir fuera de ese momento. Son hoy, para mí, simplemente documentos sobre el momento. Pero no son grandes películas. Porque están tan fascinadas por todo lo que está aconteciendo, que no paran para pensar sobre el objeto en sí. Así como nosotros pensamos que una carta de amor, escrita en el momento de la gran pasión, es una obra literaria para la eternidad. Después es ridícula, como decía Pessoa: todas las cartas de amor son ridículas. Se puede decir que todas las películas sobre los grandes hechos,filmadas en el instante mismo en que suceden, son también un poco ridículas después de que esos momentos pasan. Es curioso porque No intenso agora está hecha solo con material de esas películas. Y esas películas, en sí, no interesan. Interesa pensar sobre ellas.

[...] "El tiempo para mí ha sido fundamental. En Santiago y ahora también. Porque me tomé tres años y medio, casi cuatro años, para montar No intenso agora, y eso es porque las imágenes no eran mías. Yo no tenía relación previa con ellas. Entonces, para crear una intimidad fue necesario convivir por un largo tiempo. Es como si las imágenes producidas por el director sean extensiones suyas, de su sangre, de su semen. Las imágenes de archivo son como hijos adoptados. Al principio, hay cierto extrañamiento. Es preciso convivir durante un largo tiempo para que se vuelvan parte de la familia.

"También la idea, por influencia de Chris Marker y de Harun Farocki, de que las imágenes deben ser indagadas. Que es preciso preguntarle a las imágenes: qué están escondiendo, qué están revelando. No tomar a las imágenes por su valor de base: indagarlas, criticarlas. Y eso toma tiempo.

"En la película, la segunda secuencia es una escena muy banal de una familia que yo no conozco, en Río, donde se filma a una niña de tres o cuatro años que da sus primeros pasos. Vi esas imágenes treinta o cuarenta veces y creo que recién seis meses después me di cuenta de que había algo ahí que no había percibido antes. Y tengo la certeza de que quienes filmaron tampoco lo percibieron. Y eso es lo interesante en esas imágenes.

"Pero ese tiempo de introspección es el contrario del de la urgencia. El contrario de esa idea de que algo acontece, voy, filmo con mi cámara y es suficiente. Es el tiempo de criticar. Un trabajo intelectual y que, por lo tanto, precisa de tiempo. Para mí, hoy, eso es fundamental".

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En el dossier de Pulsión 6 también se publicó un intercambio epistolar que mantuvimos con Lostra y Ceccarelli, compartiendo nuestras reflexiones sobre No intenso agora (págs. 43/51). Acá va mi aporte a ese intercambio:


Todas las cartas de amor son ridículas

Coincido con Moreira cuando señala que el plano de la niña en Río que da sus primeros pasos presenta la clave de No intenso agora. El momento en el que él descubre, después de ver muchas veces ese plano y pensar durante meses acerca de eso, que ahí hay algo más para ver; una huella involuntaria que no aparece ante la mirada apresurada, que tampoco quien hizo ese registro tuvo la intención de mostrar. Porque -según explica la voz de Moreira en la película- ahí, en ese detalle nimio de la nena dando sus primeros pasos y la niñera retrocediendo, se revela una escena de la lucha de clases en Río de Janeiro de los 60 (en la modalidad de la sumisión de la clase de la niñera), algo que quien registró ese momento no supo o no le convenía ver. Lo valioso del documento es que muestra algo más que lo que se propuso mostrar. Hay un resto de sentido que se revela para una mirada detenida, pero también perspicaz, un poco malévola: no solo vemos lo que el camarógrafo nos muestra sino que también vemos su mirada y, al mismo tiempo, su ceguera - puesto que toda mirada se funda sobre un punto ciego.

Moreira ya había aplicado esa mirada perspicaz a su propio material en su anterior película, Santiago; es decir, a su propia mirada y a su ceguera de clase para tratar a un personaje extraordinario como era su mayordomo argentino, Santiago. Lo inusual acontece cuando Moreira vuelve sobre su mirada 13 años después y empieza a ver lo que no había visto en el momento en que lo filmaba. Cuando el mayordomo ha muerto y Moreira solo tiene un montón de metraje con el que no supo qué hacer, se revela no solo quién era ese hombre que ya no está; también se revela la incapacidad de Moreira para comprenderlo en el momento preciso en el que lo tenía consigo, trabajando para él. Lo que se descubre es que su rol de director del personaje Santiago encubría su rol de amo de Santiago. Que Moreira pudiera verse años después como alguien incapaz de haber visto a Santiago y de haberse visto a sí mismo como un señorito despótico y desatento: esa es la extraodinaria revelación de Santiago, la película, un triunfo espiritual y póstumo del siervo por sobre el amo, en una dialéctica que solo el cine podría hacer visible.

¿Qué pasa si en No intenso agora aplicamos ese principio perspicaz y malévolo a la mirada, no solo del camarógrafo de los ‘60, sino también al editor de ese material, al propio Moreira? Esta pregunta está habilitada de un modo especial en el caso de No intenso agora, porque aquí Moreira trabaja con materiales de otros, mientras que en Santiago llevaba a cabo la tarea de desencubrir su propia mirada. Quiero decir: en No intenso agora, Moreira deja huellas involuntarias al trabajar sobre materiales ajenos y disponerlos de un cierto modo, imponerles un discurso en primera persona distante y presuntamente desapegado, desencantado (ese desapego, esa intensidad en baja es la sustancia política del film).

Y por último, ¿qué hay con ponerle un título que termina constituyéndose en el principal indicio de la posición desde la cual Moreira enuncia? El ahora intenso, un ahora que no es ahora, sino antes.

No hay palabra más escurridiza que “ahora”. Moreira quiere referirse no al “ahora” en el que él monta estos metrajes ajenos, sino al “ahora” de los que lo filmaron sin saber qué hacían. La intensidad del momento en que fueron registrados les impide -parece ser la tesis de Moreira, ahora- detectar el auténtico sentido de lo que estaban filmando.

Por eso, solo una mirada posterior, distante, perspicaz y maliciosa puede descubrir lo interesante, que a los camarógrafos del año ‘68 se les escapó. Luego: si nosotros aplicamos la misma perspicacia y un poco de malevolencia a la tarea de editor, relator y titulador de Moreira, podemos descubrir su propio “ahora”. Es decir, ¿por qué la película tiende a decir que todo ahora intenso ha pasado? ¿Cómo una película que se llama No intenso agora es enunciada desde un presente sin intensidad? ¿Acaso hay una intensidad que la película no puede ver o no deja ver? Un ahora, el del propio Moreira al hacer No intenso agora, que está férreamente elidido, ocultado, expulsado del cuadro; pero que, sin querer, se infiltra, patentiza el desacople entre el título (un ahora intenso) y un material (la intensidad es algo ya pasado) que vuelve a hablarnos de un modo que Moreira no pretende que se patentice. O cuyos efectos de sentido se le escapan una vez más... ¡como cuando filmó por primera vez a Santiago!

La devaluación del presente, puesto que en la película toda intensidad ha pasado, cobra la forma de una devaluación de la intensidad del pasado: toda esa intensidad era ridícula, nos dice Moreira, porque al poco tiempo se extinguiría, como sucede con las cartas de amor. En la entrevista cita a Pessoa:

...todas las cartas de amor son ridículas.

Se puede decir que todas las películas sobre los grandes momentos hechas en el momento son también un poco ridículas después de que esos momentos pasanEs interesante que la cita de Pessoa acabe justo ahí, porque el poema sigue:

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son ridículas.

Lo ridículo es no poder vivir esa intensidad, solo advertir la intensidad cuando ya se extinguió, dice Pessoa. Parece, si no soy demasiado malicioso, que lo que Moreira no puede decirnos pero igual termina diciendo, es que el ahora solo puede ser intenso de un modo ridículo. La única intensidad no ridícula sería la de la distancia histórica, el desencanto. ¿Y ahora qué pasa? ¿eh?


Finalmente, no quisiera que estos señalamientos se interpreten como que le reclamo a Moreira una potencia indócil que no tiene. No es que espero que Moreira ”dica qualcosa di sinistra”, sino que, puesto a que él se propuso montar una filosofía de la historia desde su selección de archivos, hay que tratarlo como tal filósofo de la historia. Hipótesis de conflicto: dado que los críticos son tan renuentes para exhibir en sus textos sus posiciones ante el mundo, es natural que se sientan conmovidos con No intenso agora. No es que la crítica cinematográfica tenga dificultades para posicionarse políticamente, sino que su disciplina está diseñada para evitar mostrar abiertamente su posición política.

martes, 15 de mayo de 2018

Verbitsky: "La fantasía de la izquierda que pedía asamblea constituyente en 2002 no está sostenida en ningún hecho de la realidad"

La tensión entre el kirchnerismo y la izquierda. Una conversación en La otra.-radio con Diego Sztulwark -autor de Vida de perro, el libro de conversaciones con Verbitsky- que se puede escuchar clickeando acá 



Diego Sztulwark nos dice, a propósito del tiempo que le llevó concretar Vida de perro, su libro de conversaciones con Horacio Verbitsky, que fueron dos años de encuentros con el Perro, pero antes transcurrieron otros dos años para convencerlo de que tenían que hacer el libro:

-Me acerqué con la curiosidad de qué pasaría si alguien como Verbitsky, que en los últimos diez años había estado comprometido con el proceso político kirchnerista, apareciera ofreciendo un balance mucho más largo y más complejo de la historia política argentina, de la historia de la militancia y la historia de la investigación. Más complejo, digo, que aquellos que se vieron involucrados en el debate militante de los últimos años, a favor y en contra, que a mí me parece que en muchos momentos redundó en una especie de simplificación muy brutal. Y Verbitsky ofrecía la posibilidad de otra complejidad, por su trabajo de sistematicidad, por método, por precisión de la información, pero también porque tuvo cuatro o cinco décadas de protagonismo muy fuerte y era un interlocutor privilegiado para hacer un repaso de nuestra historia política, no para hacer sólo una historia, ni mucho menos por arrepentimiento, sino, al contrario, para restituir historicidad a los debates actuales y las tareas militantes de este momento. Él se fue convirtiendo en un actor político muy singular, una persona que tiene muchísima influencia, muy leída, sus columnas se esperan, para bien o para mal, en muchos sectores de toma de decisiones del país. Sin embargo su poder de influencia no ha dejado de ser su capacidad para tratar la información y escribir. El no tuvo ni grandes capitales ni grandes cargos públicos.

- ¿Y por qué tanto tiempo para convencerlo?

- Yo en 2013 estaba en contacto con él por tareas militantes de ese momento, a través del mail. No lo conocía personalmente y, en contra de las imágenes habitualmente blindadas de Verbitsky como una persona inaccesible, me respondió con suma amabilidad. Me sorprendió muchísimo y me tomé el atrevimiento de decirle que yo creía que sería interesante hacer una reflexión de balance con alguien que viniera de los años 70 e hiciera un recuento histórico de procesos políticos más largos. Se lo venía proponiendo y él no me respondía más que con monosílabos o muy secamente: "no", "más adelante", "vamos a ver". Pero la noche en que Macri le gana a Scioli por tan pocos puntos la segunda vuelta electoral le dije: "bueno, es el momento". Y él me dijo: "sí, es el momento, pero yo soy un señor mayor, así que yo voy a marcar los tiempos".

Pasaron todavía algunos meses de 2016 entre respuestas evasivas, y en marzo Sztulwark insistió: "mirá, Horacio, creo que hay que hacerlo ya". Verbitsky respondió: "sí, yo le tengo un poco de miedo a tu registro más abstracto, más filosófico". Sztulwark le explicó que desde muy joven había sido un militante político y había leído sus notas, que conocía ese lenguaje perfectamente y creía que podían trabajar en ese nivel de conversación. Verbitsky aceptó y le dijo: "vamos a trabajar dos mañanas por semana durante los meses que hagan falta". El había recibido muchas veces propuestas de libros de entrevistas y por razones diversas las había ido rechazando. Cuando aceptó finalmente la propuesta de Diego, Verbitsky dijo: "sí, vos tenés la edad de mis hijos, me interesa cómo esa generación puede tomar mi obra, puede narrar y hacer algo con eso".

Entonces apareció el obstáculo por el cual Verbitsky recelaba de ese registro abstracto que suponía que Sztulwark manejaba: 

- Él rechaza -dice DS- toda ideología abstracta, le tiene mucha desconfianza. Para él la política nunca puede encallar en la moral o en categorías abstractas, porque piensa que hace falta un ritmo, una vitalidad y una apertura, un habitar las contradicciones que él no encuentra en la izquierda clásica. Y él me pidió: 'yo te cuento lo que hago y vos conceptualizá'.

Esta tensión es lo más interesante que plantea Vida de perro. Ante cada pregunta que corriera el riesgo de elevarse hacia conceptos muy generales, Verbitsky intentaba reconducir la discusión hacia las condiciones concretas en las que los conflictos se desenvolvieron, las fuerzas materiales que incidieron y los obstáculos que había que enfrentar para tomar una decisión, tanto en su época juvenil como militante de Montoneros, como en su década de compromiso maduro con el kirchnerismo. 

La desconfianza de Verbitsky hacia la abstracción teórica no es una cuestión de estilo. Más bien él la considera un problema político: la principal objeción que le achaca a la izquierda tradicional argentina -que durante años llamó, aunque ya no, la "paleoizquierda"-es su incapacidad para vivir las contradicciones reales y operar sobre ellas, su inclinación a resguardarse en un plano teórico donde los conceptos estén despejados y desde allí posicionarse en el cuadro de la lucha política. Eso hace que sea el peronismo, y no la izquierda -si interpretamos bien el pensamiento implícito en la praxis de Verbitsky- el campo desde el cual se puede llevar a cabo una lucha transformadora contra las clases dominantes argentinas. La izquierda, por causa de la abstracción conceptual que privilegia para orientarse en sus decisiones, a menudo se coloca en un lugar apartado de los intereses populares. Verbitsky le dice a Sztulwark, como reprodujimos en un post anterior, que el PO es una fuerza reaccionaria y sus opciones políticas en la escena nacional juegan muchas veces del lado de la derecha, mientras que el kirchnerismo es una fuerza progresista. Esto no le impide valorar el compromiso militante de los jóvenes que integran la izquierda trosquista, ni ver la cuestionabilidad de figuras como Gildo Insfrán, integrante del FPV en los años de Néstor y Cristina. Pero esas cualidades personales no deben confundirse con una apreciación más global acerca de cómo cada fuerza opera en las pujas políticas argentinas. Por eso, desde hace décadas es desde el peronismo que, con sus contradicciones y zonas oscuras, se lleva a cabo una lucha contra el poder oligárquico o el poder financiero trasnacional, mientras la izquierda se abstrae en los márgenes. Estas tensiones aparecen en un tramo del libro en que hablan del conflicto del kirchnerismo con la comunidad primavera, de Félix Díaz:

DS: Mi interés en esta conversación tiene que ver en parte con tratar de entender, valorar y también discutir esta posición tuya, que tiene la complejidad de una doble valoración. Por una parte hiciste una lectura del FPV en la coyuntura argentina en términos positivos, sin negar que esa posición contiene a Insfrán (acabás de decir que te parece que el FPV fue objetivamente más progresista que el PO), y al mismo tiempo, el CELS defiende a Félix Díaz y a la comunidad de La Primavera contra el mismo Insfrán, que formó parte de ese Frente. Hasta cierto punto, se da el mismo esquema en el caso Ferreyra/Pedraza. De algún modo, me parece que el kirchnerismo en el gobierno no asimiló ni las demandas de los trabajadores tercerizados ni las de las comunidades en conflictos por tierras contra el Estado provincial o las grandes empresas.

HV: Yo te conté la pelea con Cristina por Milani, así que también te puedo contar la pelea por Félix Díaz. Algunos hijos de puta nos acusan de haber participado en el desalojo de los Qom. Todo lo contrario. A mí me avisa Gastón Chillier que está en el lugar, que los Qom se van, que están los ómnibus en el lugar, que está todo arreglado para que se abra la mesa de negociaciones, pero que allí está el Cuervo Larroque apurando, empujando para que se vayan. Y yo la llamo a Cristina y le digo: “Se acordó la negociación, se van voluntariamente, se están yendo. Déjenlos que se vayan tranquilos, no los apuren”. Y Cristina me dice, gritando: “Yo lo mandé al Cuervo, si te parece mal lo que hace el Cuervo te parece mal lo que hago yo, porque yo lo mandé al Cuervo”. Y le digo: “Sí, me parece mal lo que hacés vos, si fuiste vos. Te estoy diciendo: es provocativo, innecesario, tergiversa las cosas”. Fue la otra discusión fuerte que tuve con Cristina.



En una reflexión incluida en el libro, Sztulwark acota: 

"Su razonamiento, concentrado en la confrontación con la derecha más conservadora sobre qué valores se ponen en juego a la hora de evaluar los gobiernos de los Kirchner –a qué se llama “errores” y a qué “aciertos”–, tiende a eludir por momentos una profundización en cuestionamientos políticos que podrían iluminar desde otro ángulo –ya no en polémica con las derechas, sino con las izquierdas–la debilidad de las transformaciones ocurridas estos años. Ese otro costado de la discusión [el que Sztulwark reivindica] pretende cuestionar la articulación entre modo de acumulación, modo de pensar y modo de toma de decisiones sobre la que se recostaron, con diferencias entre sí, los gobiernos llamados progresistas.

"Aunque tal vez haya otro modo de considerar el problema de la debilidad política de estos gobiernos progresistas. Su tendencia a plegarse a líneas neodesarrollistas –confianza en la creación de empleo de calidad a partir de un proceso de industrialización y de una centralidad del Estado- nación que subestima fenómenos como el de la llamada economía popular–y neoextractivas –explotación de recursos naturales para la exportación, según los requerimientos del mercado mundial–imposibilitó la consideración de combinaciones más audaces entre los aciertos que enfurecieron a las oligarquías –bajar el cuadro de Videla de la ESMA, estatizar las AFJP– y líneas de experimentación más creativas con los sujetos que emergieron de la crisis de 2001. Esa falta de experimentación sostenida puede ser comprendida como el anverso de lo que con frecuencia se llama los “errores” del gobierno, que la mayoría de las veces no han sido sino compromisos con las fuerzas del orden (empresas multinacionales que sustraen riquezas vía extracción de recursos o vía fuga de capitales, todavía habilitadas por la legislación de la dictadura en lo que concierne a las operaciones bancarias y empresariales, apoyadas por las fuerzas represivas y de seguridad de modo directo o tercerizado).

"Si algo parecido a un programa circuló de hecho entre las multitudes que protagonizaron la crisis del año 2001 argentino, ese programa fue parcial e inorgánico. Sin embargo, esa fecha sigue ofreciendo una perspectiva histórica, incluso para entender por qué, de todas las expresiones políticas creadas en aquella coyuntura, fue el PRO(hoy Cambiemos) el que mejor capitalizó a largo plazo el proceso abierto en aquella crisis".

Sztulwark y Verbitsky debaten:

DS: Me parece que el cierre de la toma de decisión política sobre un grupo político que subordina o excluye a referentes de luchas populares resta capacidad de identificar contradicciones y debilita la capacidad crítica de cualquier gobierno. ¿Cómo juntar fuerza de transformación sin ensayar procesos de decisión más colectivos?

HV: Siempre fue así. Fue así en los aciertos y fue así en los errores. Estoy de acuerdo con lo que planteás pero, de nuevo, es lo que dijimos anteriormente: la incorporación de las organizaciones sociales a la decisión política hubiera significado que la ruptura con Moyano no se habría producido en 2010 sino en 2004 y que el Congreso no habría aprobado todas las leyes que aprobó. Seguramente había equilibrios mejores, seguramente se habrían podido hacer cosas que no se hicieron y que hubieran dado mejores resultados. Siempre, en cualquier situación, este razonamiento es válido. Sin embargo, como balance de conjunto de la experiencia de los doce años, yo no veo que se hubiera podido hacer mucho más que lo que se hizo. El país había atravesado veinte años de democracias totalmente dependientes, incompletas, que se limitaban a hacer viables las políticas de ajuste por métodos no violentos, más otros ocho años entre lopezrreguismo y dictadura, de destrucción de bases materiales, de desindustrialización, de precarización laboral.  (...) La fantasía de la izquierda que pedía asamblea constituyente en 2002, y la idea de que estaban en una situación prerrevolucionaria, me parece que no está sostenida en ningún hecho de la realidad, es nada más que una expresión de deseo.

En la conversación que tuvimos el domingo en la radio Sztulwark reconoce que estos reproches de Verbitsky hacia el carácter abstracto de la política de izquierda provienen de una discusión anterior, la que John William Cooke desde el peronismo revolucionario sostuvo con la izquierda marxista clásica hace muchas décadas. La tradición, que viene de Cooke y en cierta forma Verbitsky encarna, propone partir de los fenómenos de radicalización y tensión efectivos y no de un conjunto de abstracciones lógicas. 

- Creo -dice Sztulwark- que es el problema, en última instancia, de cómo se piensa la dialéctica. Él [por Verbitsky] lo piensa en términos de una dialéctica que hay que habitar en una tensión y no como una resolución. Hay, como decís vos, una teoría nunca del todo enunciada pero que está ahí operando, y claro que es fascinante. Pero me pareció siempre que con Verbitsky no serviría de nada si yo me ponía en el papel de admirador, que lo que había que hacer con Horacio, como con cualquier persona con la que uno tiene una interlocución, es pensar cuáles son las tensiones con las que hay que trabajar, el tipo de sacudidas que hacen que ese pensamiento esté obligado a decir más de lo que ha dicho, ¿no?

Sztulwark no se considera parte de una izquierda clásica, sino de un autonomismo que revaloriza el proceso de emergencia de los movimientos sociales, sobre todo los que aparecen en las asambleas de principios de siglo, posteriores al colapso de la alianza, que él considera que el kirchnerismo en cierta forma vino a obturar. ¿Cómo devolverle peso, en los momentos de decisión política, a estos sujetos colectivos, sin delegar su representación en liderazgos individuales que adelgazan, según su perspectiva, esta lucha?

Y la conversación siguió moviéndose entre planteos más conceptuales y ejemplos más concretos: Perón, Bergoglio, Néstor, Moyano, Mariano Ferreyra... La manera en que Verbitsky tramitó estas tensiones y el modo en que debemos repensarlas ahora que se plantea un nuevo momento político, en la resistencia contra el macrismo. 

Para escuchar la conversación completa con Diego Sztulwark, tienen que clickear acá.

lunes, 14 de mayo de 2018

Sacudite los piojos (finanzas y poesía)

La otra.-radio, para escuchar clickeando acá 



Dibujo: Carmen Cuervo

Subo este audio que contiene una parte del programa de anoche. Es la primerísima mañana del lunes y en las próximas 36 horas empieza a definirse una parte del atolladero en el que está metido el régimen macrista. Sucede que mañana martes llega el vencimiento de Lebacs por un monto sustancial en proporción con las reservas del Banco Central. Hay una incógnita a despejar acerca de cómo quedarán las cifras de la cotización del dolar y de las tasas de rendimiento que finalmente el BCRA se comprometa a pagar a los acreedores que conserven las Lebacs. Es la expresión numérica de un entuerto mayor. 

En la era de las comunicaciones online la incógnita de la ecuación dolar/tasas se despeja simplemente con el correr de las horas: cuando muchos de los lectores de este blog se decidan a escuchar este fragmento del programa, es probable que ya se sepa si el dolar trepó desorbitadamente, sea porque el BCRA lo deja subir hasta donde llegue la demanda, sea porque, aún tratando de pisarlo, el mercado haga infructuoso ese intento. ¿Vende o no vende hoy lunes el Central? ¿Los inversores se lanzan enloquecidos a comprar al precio que sea hasta hacerlo llegar a un rercord histórico? El resultado puede tener cifras hasta hace poco inconcebibles: un dolar a $ 30 o unas tasas de más del 40, por tirar algunas posiblidades que ya nadie puede asegurar que sean irrazonables. 

Como sea, estos números definen solo una parte de esta puja en el plazo corto o en el mediano, porque hay aspectos sustanciales que se definirán con el correr de las semanas y meses, cuando se sienta el impacto inflacionario de la devaluación, el resultado recesivo de las tasas altas o las condicionalidades -políticamente viables o no- que el FMI ponga para conceder el stand by que el gobierno macrista se apuró a pedirle. Más adelante todavía se verá si la sociedad está dispuesta a aceptar esta fórmula aritmética que va a afectar la vida popular en aspectos tan tangibles como el precio de la leche o el viaje en colectivo y finalmente el poder adquisitivo del salario. Se verá la capacidad de resistencia que los trabajadores opongan al ajuste que se avecina.

Pero hay algo que, más acá del resultado de esta pulseada inmediata y de la puja de clases de largo plazo, ya está decidido, según conversamos con el periodista especializado en economía Federico Kucher. Cualquier solución parece mala porque contendrá dosis altas de inflación, enfriamiento de la economía, baja del consumo y consecuente aumento del desempleo. Menos trabajo, más hambre. El fracaso del esquema inicial de la economía macrista que se dio en llamar "gradualismo" será pagado por los trabajadores que sufrirán los efectos de un ajuste ortodoxo que hasta ahora el oficialismo no se había atrevido a aplicar. Fin del gradualismo y comienzo del ajuste clásico, dispuesto por el poder financiero que obliga al gobierno a cortar la fiesta del endeudamiento que subsidió la fuga de capitales. 

El colchón que hizo posible el "gradualismo" macrista fue la pesada herencia del país desendeudado que le había dejado Cristina y el margen de expectativas positivas que una parte de la sociedad mantuvo durante los dos años en los que el macrismo trató de disimular su objetivo antipopular. Los sacudones del dolar, las tasas y la fuga de divisas de los últimos días son solo síntomas de que el esquema se agotó. Por ineptitud o por la codicia de maximizar sus negocios particulares, el equipo gobernante difirió hasta ahora la caída de su máscara gradualista. La vida popular se deterioró con los aumentos de tarifas y el precio de los alimentos, el salario quedó mellado y la deuda creció de manera irresponsable. La pesada herencia del país desendeudado no existe más: fue dilapidada por el manejo errático del equipo económico. El poder financiero que sostuvo al macrismo hasta hoy le puso un tope a estos escarceos y ahora, el despilfarro de los dólares que movieron la bicicleta especulativa de estos años se cortó. Como es una cuestión de lucha de clases, los primeros que van a pagar el costo de la incapacidad y la rapacidad macrista son los que viven de un sueldo. Después se verá si el pueblo alcanza la conciencia suficiente para castigar políticamente a los culpables de este fraude social. Se viene el ajuste. Lo que cayó en estos días, la máscara del "gradualismo", pasa a mejor vida: la de las mentiras que se muestran como tales. Ahora el pueblo tendrá que lidiar con la cara ortodoxa del ajuste.

La aceleración de la caída de la vía "gradualista" tiene varias causas:

- los capitales especulativos dijeron "no va más" antes de lo que el macrismo esperaba o necesitaba para llegar con tranquilidad a las elecciones de 2019;

- la combinatoria de errores e improvisaciones empezó a mostrarse el 28/12/17, cuando el equipo económico abjuró de las metas de inflación que había hecho aprobar en el Congreso, medio día antes; de ahí llegamos a este matete de dolar en alza, tasas altas, deuda alta e incertidumbre alta;

- finalmente, lo que termina es el escarceo del "si pasa, pasa", por la resistencia que el pueblo opuso a los intentos de arrimarse al ajuste de a poco y por la bronca social en alza. No solo se agotó la paciencia de los capitales financiero, también la sociedad parece que empezó a notar el deterioro de su calidad de vida.

El crédito político para el ajuste a medias está agotado. El peronismo resultó complicado. Lo que viene ahora será a cara de perro. No depende ya de la expectativa de "lluvia de inversiones productivas" que nunca llegará, ni de la eficacia de operaciones judiciales mediáticas distractivas. Depende solo de la firmeza que los sectores populares sepan oponer al empobrecimiento que se avecina, por la vía de la movilización callejera y el castigo de las urnas. 

En la conversación con Federico Kucher -clickeando acáse encuentran los detalles específicamente económicos que están en juego en las próximas horas y también en el plazo más largo de lo que resta del mandato macrista.

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No solo de pan viven el hombre y la mujer. Por eso en este fragmento del programa, en el que escuchamos un par de hermosos temas de Dirty Projectors del disco que lleva el mismo nombre que la banda, también hablamos con Maxi Diomedi de poesía patagónica. Para ser más precisos, de una poeta neuquina llamada Silvia Mellado. Mellado se presenta a sí misma, declara qué es para ella la poesía y dice uno de sus poemas:

sacudite los piojos
me dije
dejá las pulgas detrás
sacudite también ese fino polvo
que larga Loma Negra
tus pulmones
tus pezones, diría yo
no se han cementado
andate
y volvé
a ver
si todavía escribís...

Contraria a la lectura de mesa y velador, Silvia dice su poesía de pie. Maxi Diomedi, la conoció hace poco en el 8° Encuentro Binacional de Poesía "Conversaciones de otoño" en Fisque Menuco, General Roca, Río Negro, Patagonia. Maxi pudo notar en ese encuentro un crecimiento de la presencia y la calidad de las poetas mujeres, una tendencia que no puede dejar de vincularse con el crecimiento del movimiento feminista. Pueden escuchar la conversación con Silvia Mellado y su poesía en el último tramo de este fragmento del programa, clickeando acá.

En el programa de anoche también sostuvimos una muy interesante entrevista a Diego Sztuwark, autor de Vida de Perro, el libro de conversaciones con Horacio Verbitsky. Pero esa parte del programa la subiremos dentro de unas horas.